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¿Te gusta correr por la playa? Te explicamos pros y contras

Aquellos a los que les apasiona la tranquilidad de la playa, escuchar el sonido de las olas y evadirse mirando al horizonte, están de suerte. La temporada otoñal en la playa da comienzo y, con ella, la posibilidad de disfrutar de pequeños grandes placeres sin calor ni mucha gente. Uno de ellos es el de correr por la arena sin necesidad de sentirte el protagonista de una película de acción en la que ha de esquivar a cualquiera que se cruce en su camino. Pero, ¿verdaderamente es bueno correr por la arena?

 

Trasladar tu entrenamiento a tu playa favorita puede ser una gran elección. Caminar por la arena resulta realmente beneficioso para estimular la circulación del flujo sanguíneo, quemar calorías y fortalecer tus músculos. ¿Ocurre lo mismo cuando corremos? Lo cierto es que se trata de una actividad en la que intensidad y resistencia son protagonistas. Al hundir los pies en la arena, obligamos al cuerpo a trabajar a un nivel más alto. La humedad de la playa, las bajas presiones así como la temperatura ayuda a que nuestro organismo sea capaz de recibir mayor cantidad de oxígeno, mejorando la respiración. ¿Y qué dices del poder terapéutico y relajante que produce el sonido de las olas?

 

Sin embargo, correr por la arena también tiene sus contras. Al tratarse de un terreno irregular e inclinado, el cuerpo está obligado a moverse de forma asimétrica provocando un mayor riesgo de lesión. Éste se verá incrementado en aquellos que hayan sufrido algún tipo de accidente con anterioridad.

 

Por último, te recomendamos correr con zapatillas y por la arena húmeda que resulta más firme, mantener una buena hidratación durante la práctica y proteger tu piel con protección solar. El incentivo extra de terminar tu entrenamiento con un buen chapuzón puede ser tu mejor motivación. ¿Estás listo?